Cómo elegir nuestras compras

Sigo con el libro La cocina de la salud.

Después del primer capítulo dedicado al desayuno en esta ocasión nos vamos de compras y vemos cómo elegir los productos que más nos convienen y es aquí dónde empiezo a tener algunos desacuerdos con las opiniones de los autores cuando nos dicen que los transgénicos o aditivos son seguros y que si los tomamos, o no, depende solo de una cuestión ideológica…

Aditivos

Según el libro los aditivos son seguros en las cantidades que se incluyen en un alimento concreto. ¡Pues faltaría más! ¿O es que encima deberían poner cantidades consideradas perjudiciales o incluso cancerígenas y venderlas libremente en los supermercados?

Pero aquí la clave está en este concepto: “En las cantidades que se incluyen en un alimento concreto”. El problema de esto es que durante un día o una semana no solo comemos ese alimento concreto y hay miles de productos que contienen una “cantidad segura” de ese aditivo. Así que si sumamos esas pequeñas cantidades dejan de ser tan pequeñas y hay estudios que demuestran que algunos de estos aditivos son perjudicales por acumulación.

Aparte de esto indica una sencilla guía para conocer de qué tipo de aditivo se trata:
E: nos indica que ese aditivo está aceptado por la Unión Europea
100-199: Colorantes
200-299: Conservantes
300-399: Antioxidantes, reguladores de acidez…

Como esto puede quedarnos un poco escaso aquí tenemos una lista de los aditivos permitidos en la Unión Europea.

Dos de los que nos encontramos “hasta en la sopa” y que yo personalmente trato de evitar como la tiña son:

  • E951 El Aspartamo es un edulcorante artificial que podemos encontrar en miles de productos como refrescos y otros productos envasados.
  • E621 El Glutamato monosódico es un potenciador del sabor que si os paráis a mirar en las etiquetas os sorprenderá que está en casi todos los alimentos preparados.

Evitar todos estos aditivos es muy fácil y a la vez muy complicado. La parte fácil es que si evitamos los productos envasados y precocinados nos habremos deshecho fácilmente de ellos. Lo complicado está en que hay que dejar de lado la facilidad que nos da calentar un precocinado o comprar cualquier producto ya envasado y que podemos guardar durante tiempo y dedicar más tiempo a la compra de productos frescos y a cocinarlos.

Para mí está siendo un cambio difícil, y eso que no acostumbraba a comprar precocinados, pero aún así ¡hay que dedicar mucho tiempo a la compra si quieres leer todas las etiquetas! En cualquier caso os animo a hacer este ejercicio ya que os daréis cuenta de todos los ingredientes “sorpresa” que lleva cualquier alimento que podemos comprar en un supermercado.